Saber hablar en publico

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La mayoría de las personas tienen al menos cierto grado de miedo a hablar en público. De hecho, sólo un 10% de las personas en Estados Unidos dicen disfrutar de ello. Desarrollar sus habilidades para hablar en público puede suponer una gran ventaja en su carrera, ya que puede llevarle a oportunidades que otros pueden evitar.
Hablar en público es una de las formas más efectivas de transmitir tus ideas, demostrar tus conocimientos e influir en los demás. Incluso puede ayudarle a organizarse y a mejorar su escritura y su comunicación interpersonal.
Muchas personas que parecen sentirse completamente cómodas frente a las multitudes empezaron con un miedo considerable a hablar en público. Superando este miedo, practicando y ganando confianza, puedes obtener grandes ventajas en la vida.
Si incorporas a tu vida diaria varios consejos para hablar en público, podrás mejorar constantemente tus habilidades y sentirte más cómodo dando presentaciones y discursos. Estas buenas prácticas incluyen vigilar el lenguaje corporal, estudiar lo que funciona bien para los oradores con talento, practicar el control de la respiración y prepararse con suficiente antelación a la presentación.

robert kiyosaki

Hablar en público, también llamado oratoria u oración, ha significado tradicionalmente el acto de hablar cara a cara a una audiencia en vivo. Hoy en día, incluye cualquier forma de hablar (formal e informalmente) a un público, incluyendo el discurso pregrabado entregado a gran distancia por medio de la tecnología.
Confucio, uno de los muchos eruditos asociados a la oratoria, enseñó en su día que si un discurso se consideraba bueno, repercutiría en la vida de los individuos, lo escucharan o no directamente[1] Su idea era que las palabras y acciones de alguien con poder pueden influir en el mundo[1].
La oratoria se desarrolló como una esfera de conocimiento en Grecia y Roma, donde destacados pensadores la codificaron como parte central de la retórica. En la actualidad, el arte de hablar en público se ha transformado gracias a la nueva tecnología disponible, como las videoconferencias, las presentaciones multimedia y otras formas no tradicionales, pero lo esencial sigue siendo lo mismo.
La función de la oratoria depende enteramente del efecto que un orador pretende al dirigirse a un público determinado. El mismo orador, con la misma intención estratégica, puede pronunciar un discurso sustancialmente diferente ante dos públicos distintos. El objetivo es cambiar algo, en los corazones, las mentes o las acciones de la audiencia.

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Alison Doyle es una de las principales expertas en carreras profesionales del país y ha asesorado tanto a estudiantes como a empresas sobre prácticas de contratación. Ha concedido cientos de entrevistas sobre el tema para medios como The New York Times, BBC News y LinkedIn. Alison fundó CareerToolBelt.com y ha sido una experta en este campo durante más de 20 años.
Los candidatos con una gran capacidad para hablar en público están muy solicitados para las numerosas ocupaciones que requieren la capacidad de hablar ante un grupo. Los empleadores valoran mucho a los oradores dinámicos y bien preparados, y tener este conjunto de habilidades puede incluso ayudar a conseguir puestos de liderazgo y funciones importantes.
Hablar en público es una habilidad blanda que requiere excelentes dotes de comunicación, entusiasmo y la capacidad de atraer al público. Las habilidades blandas son habilidades interpersonales menos técnicas y más relacionadas con la forma de interactuar con los demás.
Los oradores públicos hacen presentaciones a un grupo. Las presentaciones pueden ser desde un pequeño número de empleados hasta una gran audiencia en una conferencia o evento nacional. Se requiere el mismo conjunto de habilidades y la capacidad de sentirse cómodo hablando en público, independientemente del tamaño del grupo.

retroalimentación

Piensa en nuestras formas habituales de describir el problema: ‘Soy tímido’. «Sufro de ansiedad al hablar». No sé cómo ser yo mismo delante de un grupo». A menudo actuamos como si el problema proviniera de una carencia psicológica o emocional en nuestro interior. Después de años observando a nuestros compañeros de lengua más suelta expresar sus ideas y pasiones, es fácil sentirse resentido y alienado. Estos sentimientos negativos pueden reforzar nuestra reacción original: Hay demasiadas cosas dentro de mí que no puedo expresar. Hay algo que no funciona en mí.
Este diagnóstico habría parecido totalmente desconcertante para los antiguos educadores y filósofos griegos que inventaron la teoría del lenguaje en el siglo IV a.C., y luego la enseñaron a prácticamente todos los estudiantes de Occidente durante 2.000 años hasta hace un par de siglos. Desde el punto de vista de los antiguos, hablar en público, al igual que la escritura o la destreza militar, se consideraba una forma de arte, que se podía enseñar y aprender, y que no tenía nada que ver con cuestiones de carácter innato o de composición emocional. Para ellos, la idea de esperar que una persona normal e ignorante en materia de oratoria fuera fiable y elocuente sería como esperar que un adolescente no entrenado actuara como un guerrero experimentado en el campo de batalla. Su opinión sigue siendo válida hoy en día: no es realista esperar que uno sea competente, y mucho menos maestro, en una forma de arte que nunca se ha enseñado a practicar.